Una buena carcajada
JA, JA, JA…¿Has pensando alguna vez en la importancia de dar una buena carcajada? Las risotadas son muy populares en mi país. Aquí yo noto que los adolescentes como ustedes ríen bastante, pero los adultos ya no tanto. Quizás reírse es visto como falta de seriedad. Creo que no debería de ser así. A veces estallar de risa o morirse de risa nos limpia el alma. Lee el artículo y comenta sobre el mismo: ¿con qué frecuencia te ríes?, ¿de qué o quién te ríes?, ¿cuándo te ríes?, ¿cuáles son las cosas que te hacen reír?, ¿qué debería hacer la gente para reír más y para llorar de risa? Después de leer el artículo haz un comentario sobre el artículo y también contesta estas preguntas.
Dos presos en la cárcel:
¿Y tú por qué estás aquí?
Porque no me dejan salir.
Un niño en una boda:
- Mamá, mamá, ¿por qué la novia va vestida de blanco?
- Pues... porque este es el día más feliz de su vida.
- Ah... y dime, ¿por qué el novio va vestido de negro?
La ciencia lo avala: reírse mejora la salud
Las carcajadas provocan efectos positivos, tanto físicos como psicológicos, y son un hábito saludable que conviene poner en práctica cada día.
Umberto Eco urdió toda una trama policíaca entre los muros de una abadía en la Alta Edad Media para exponer el poder de la risa. En 'El nombre de la rosa' se suceden incluso crímenes para ocultar al pueblo la defensa que supuestamente hiciera Aristóteles sobre la bondad de las carcajadas. Esto es, por supuesto, ficción, pero no está exenta de realidad, ya que hubo tiempos y lugares -aún los hay- en los que lo sensato y maduro era permanecer serio, taciturno, incluso hosco. La risa y un buen humor frecuente se asociaban a la frivolidad y la inmadurez. Afortunadamente, las investigaciones, como aquella que imaginara el escritor y semiólogo italiano, han avalado algo que la sabiduría popular intuía y hoy la ciencia demuestra: reír es saludable.
La risa está localizada en la zona prefrontal de la corteza cerebral, la parte más evolucionada del cerebro. En esta zona, según los expertos, reside la creatividad, la capacidad para pensar en el futuro y la moral. Sin embargo, conforme cumplimos años y se nos supone más sabios, perdemos la espontaneidad de dejarnos llevar por la risa, de buscar la carcajada o de encontrar la parte cómica a las situaciones. Por eso, hay veces que conviene aprender a reír, o a recordar cómo se reía.
La risa como terapia
Sigmund Freud atribuyó a las carcajadas el poder de liberar al organismo de energía negativa. Esta capacidad fue científicamente demostrada cuando se descubrió que el córtex cerebral libera impulsos eléctricos negativos un segundo después de comenzar a reír. En lógica relación con esta evidencia, en los últimos lustros se ha afianzado la risa como terapia.
Cuando reímos, el cerebro emite una información necesaria para activar la segregación de endorfinas, específicamente las encefalinas. Estas sustancias, que poseen unas propiedades similares a las de la morfina, tienen la capacidad de aliviar el dolor, e incluso de enviar mensajes desde el cerebro hasta los linfocitos y otras células para combatir los virus y las bacterias. Las endorfinas desempeñan también otras funciones entre las que destaca su papel esencial en el equilibrio entre el tono vital y la depresión. De ellas depende algo tan sencillo como estar bien o estar mal. Como se puede comprobar, aprender a reír es algo más importante de lo que parece a simple vista.
Una de las líneas de trabajo en algunos centros de psicoterapia es la risoterapia, que consiste en estimular la producción de distintas hormonas que genera el propio organismo con ejercicios y juegos grupales. Su cometido es el de potenciar el sistema inmunitario en general y facilitar la superación de diferentes bloqueos. Se utilizan técnicas que ayudan a liberar las tensiones del cuerpo y así poder llegar a la carcajada, como la expresión corporal, el juego, la danza y ejercicios de respiración o masajes. Se trata de lograr reír de una manera natural y sana, de que las carcajadas salgan de lo visceral e irracional, como en los niños. En el fondo, a lo que se aprende es a orientar la percepción de las situaciones para que al verse en ella nos riamos, con nosotros mismos y con los demás.
Efectos físicos de la risa
· Ejercicio: con cada carcajada se ponen en marcha cerca de 400 músculos, incluidos algunos
· Limpieza: se lubrican y limpian los ojos con lágrimas. La carcajada hace vibrar la cabeza y se despeja la nariz y el oído. Además, elimina las toxinas, porque con el movimiento el diafragma produce un masaje interno que facilita la digestión y ayuda a reducir los ácidos grasos y las sustancias tóxicas.
· Oxigenación: entra el doble de aire en los pulmones, dejando que la piel se oxigene más.
· Analgésico: durante el acto de reír se liberan endorfinas, los sedantes naturales
· Rejuvenecedora: rejuvenece al estirar y estimular los músculos de la cara. Tiene, además, un efecto tonificante y antiarrugas.
· Previene el infarto: el masaje interno que producen los espasmos
· Facilita el sueño: las carcajadas generan una
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